estaba un rio y ciénagas, mas con harto trabajo lo pasamos de presto, y dimos en el pueblo, que aquel dia se habia despoblado, y hallamos muy bien de comer maíz y frisoles y otras legumbres; y como íbamos muertos de hambre, dímonos buena hartazga, y aun los caballos se reformaron, y por todos muchas gracias á Dios; y ya en el camino se habia muerto el volteador que llevábamos, ya por mí nombrado, y otros tres españoles de los recien venidos de Castilla; pues indios de los de Mechoacan y mejicanos morian muchos, é otros muchos caian malos y se quedaban en el camino como desesperados.
Pues como estaba despoblado aquel pueblo, y no teniamos lengua ni quien nos guiase, mandó Cortés que fuésemos dos capitanes por los montes y estancias á los buscar, y en unas canoas que estaban en un gran rio junto al pueblo fueron otros soldados y dieron con muchos indios de aquel pueblo, y con buenas palabras y halagos vinieron sobre treinta dellos, y todos los más caciques y papas; y Cortés les habló amorosamente con doña Marina, y trajeron mucho maíz y gallinas, y señalaron el camino que habiamos de llevar hasta otro pueblo que se dice Izguatepeque, el cual estaba tres jornadas,