nuestro parecer; y lo que con nosotros pudo acabar fué, que le escribiésemos por la posta con los mismos sus mensajeros que nos trujeron las cartas, dándole á entender nuestra voluntad; y en pocos dias recibió nuestras cartas con firmas de todos; y las respuestas que á ellas nos dió, fué ofrecerse en gran manera á los que quisiésemos quedar á poblar aquella tierra, y en cabo de aquella carta traia una cortapisa que decia que si no le querian obedecer como lo mandaba, que en Castilla y en todas partes habia soldados.
Y de que aquella respuesta vimos, todos nos queriamos ir camino de Méjico é perdelle la vergüenza; y como aquello vió Sandoval, muy afectuosamente y con grandes ruegos nos importunó que aguardásemos algunos dias, que él en persona iria á hacer embarcar á Cortés; y le escribimos en respuesta de la carta, que ya habia de tener compasion y otro miramiento del que tiene, de habernos traido de aquella manera, y que por su causa nos han robado y vendido nuestras haciendas y tomado los indios; y los más soldados que allí con nosotros estaban, que eran casados, dijeron que ni sabian de sus mujeres é hijos; y le suplicamos todos que luego se volviese á embarcar y se fuese camino de Méjico; porque, ansí como dice que hay soldados en Castilla y en todas partes, que tambien sabe que hay gobernadores y capitanes puestos en Méjico, é que do quiera que llegáremos nos darán nuestros indios aunque les pese, y no le estaremos á Cortés aguardando que por su mano nos los dé; y luego fué Sandoval, y llevó en su compañía á un Pedro de Saucedo el romo, y á un herrador que se decia Francisco Donaire, y llevó consigo su buen caballo, que se decia Motilla, y juró que habia de hacer embarcar á Cortés y que se fuese á Méjico.
Y porque he traido aquí á la memoria del caballo Motilla, fué de mejor carrera y revuelto, y en todo de buen parecer, castaño escuro, que hubo en la Nueva-España; y tanto fué de bueno, que su majestad tuvo noticia dél, y aun el Sandoval se lo quiso enviar presentado.