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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CXCIII.

Y volviendo á nuestro viaje, en aquel pueblo se quedaron los de Pedro Arias, y nosotros fuimos camino de Guatimala, y ántes de llegar á la provincia de Cuzcatlan, en aquella sazon llovia mucho y venia un rio que se decia Lempa muy crecido, y no le pudimos pasar en ninguna manera; acordamos de cortar un árbol que se llama ceiba, y era de tal gordor, que dél se hizo una canoa que en estas partes otra mayor no la habia visto, y con gran trabajo estuvimos cinco dias en pasar el rio, y aun hubo mucha falta de maíz; é pasado el rio, dimos en unos pueblos que pusimos por nombre los Chapanastiques, que era así su nombre, adonde mataron los indios naturales de aquellos pueblos un soldado que se decia Nicuesa, é hirieron otros tres de los nuestros que habian ido á buscar de comer, y venian ya desbaratados, y les fuimos á socorrer, y por no nos detener se quedaron sin castigo; y esto es en la provincia donde agora está poblada la villa de San Miguel; y desde allí entramos en la provincia de Cuzcatlan, que estaba de guerra, y hallamos bien de comer; y desde allí veniamos á unos pueblos cerca de Petapa, y en el camino tenian los guatimaltecas unas sierras cortadas y unas barrancas muy hondas, donde nos aguardaron, y estuvimos en se las tomar y pasar tres dias: allí me hirieron de un flechazo, mas no fué nada la herida, y luego venimos á Petapa, y otro dia dimos en este valle que llamamos del Tuerto, donde agora está poblada esta ciudad de Guatimala, que entónces todo estaba de guerra sobre pasallos con los naturales; y acuérdome que cuando veniamos por un repecho abajo comenzó á temblar la tierra de tal manera, que muchos soldados cayeron en el suelo, porque duró gran rato el temblor; y luego fuimos camino del asiento de la ciudad de Guatimala la vieja, donde solian estar los caciques que se decian Cinacan y Sacachul, y ántes de entrar en la dicha ciudad estaba una barranca muy honda, y aguardándonos todos los escuadrones de los guatimaltecas para no dejarnos pasar, y les hicimos ir con la mala ventura, y pasamos á dormir á la ciudad, y estaban los aposentos y las casas con tan buenos edificios y ricos, en fin como de caciques que mandaban todas las provincias comarcanas; y desde allí nos salimos á lo llano y hicimos ranchos y

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