ello; pues ya es fallecido, perdónele Dios.
En aquella villa le enterraron con la mayor pompa que pudieron; y despues he oido decir que Juan de Albarado, el encomendero de Chiribitio, llevó sus huesos de donde estaban enterrados al mismo pueblo de su encomienda, y mandó hacer muchas honras y Misas y limosnas por su ánima.
Pues como se supo su muerte en el real de Cochitlan y en su flota y armada, como no habia capitan general ni cabeza que los mandase, muchos de los soldados se fueron cada uno por su parte con las pagas que les dieron, y cuando á Méjico llegó esta nueva, todos los más caballeros, juntamente con el Virey, la sintieron; y como faltó el Adelantado, luego en posta envian por el Virey para que les vaya á socorrer, y el Virey no pudo ir luego, y envió al licenciado Maldonado, é hizo lo que pudo en aquel socorro; y luego fué el Virey y llevó todos los soldados que pudo allegar, y quiso Dios que venció á los indios de los peñoles, y desbaratados, se volvieron á Méjico á cabo de muchos dias que en esta guerra estuvieron con gran trabajo.