que sus compatriotas no calaran el verdadero diseño de los mexicanos al promulgar los falsos oráculos de sus dioses. Con este y otros discursos plausibles, sumados a grandes promesas, los afianzó en su fidelidad.
En una de estas ocasiones, el ya mencionado Suchel, que era un hombre de valor poco común y cacique por derecho propio, dijo a Cortés:
"Malinche, no debes humillarte cada día renovando el combate con el enemigo. En mi opinión, más bien deberías ordenar a tus capitanes que patruluen alrededor de la ciudad con los bergantines, para cortarles todos los suministros de agua y víveres. En esa ciudad hay tantos miles guerreros que sus reservas de provisiones pronto se agotarán. El único suministro de agua que tienen es de la lluvia que cae y la que obtienen de pozos recién cavados, que no puede ser saludable para beber. ¿Qué pueden hacer si les cortáis los suministros de víveres y agua?, ¡pues una guerra contra el hambre y la sed es la más terrible de todas las calamidades!"
Cuando hubo terminado de hablar, Cortés le dio un fuerte abrazo, le agradeció su buen consejo y le prometió concederle valiosos pueblos. A esto le habíamos aconsejado todo el tiempo muchos de nosotros, los soldados; pero un soldado español tiene demasiado orgullo como para rendir un pueblo por el hambre; está siempre impaciente por abrirse paso luchando.
Después de que Cortés hubo madurado este plan, envió aviso por medio de bergantines a Alvarado y Sandoval para que cesaran en los ataques diarios a la ciudad. Este nuevo método de conducir el asedio se vio muy favorecido por la circunstancia de que nuestros bergantines ya no temían a las estacas que