Estos prisioneros regresaron pronto con sus parientes y un gran número de gente pobre, entre quienes distribuimos todo el botín que habíamos hecho. Toda esta gente partió entonces y prometió que persuadirían al enemigo para que nos enviase mensajeros de paz y se declarasen vasallos de nuestro emperador; pero tuvieron mucho cuidado de ni regresar ellos mismos ni enviarnos recado alguno. Ante esto, Rangel se volvió hacia mí y me dijo: > "¡Por los cielos, me habéis engañado! Podéis por tanto ir ahora con algunos de vuestros compañeros y capturarme un número igual de indios, ya que he perdido tantos por seguir de este modo vuestro consejo." No le di la oportunidad de repetir esta orden, sino que marché inmediatamente a la cabeza de cincuenta hombres y ataqué unas casas que yacían entre los pantanos. Los habitantes huyeron precipitadamente y buscaron refugio entre los grandes arbustos de espinas, a los que llaman Xiguaquetlan, donde era imposible que nadie penetrase sin salir gravemente herido por los afilados pinchos; nos apañamos, sin embargo, para capturar a doce hombres y
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CAPÍTULO CLXIX.
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