combatiendo por el estrecho paso hacia unas hondonadas profundas, donde otros cuerpos se hallaban formados en orden de batalla. Desde este lugar el enemigo, según un plan premeditado, retrocedió, a medida que avanzaba Alvarado, hacia otra posición, donde habían apostado a más de 6000 de sus hombres. Estos eran los guerreros de Utatlán y sus vasallos, quienes daban por sentado que podrían cortar fácilmente la retirada a Alvarado, con todos sus hombres; pero nuestras tropas lucharon con tanta determinación y valor, que pusieron en fuga al enemigo, teniendo únicamente tres hombres y dos caballosheridos.
El enemigo, sin embargo, volvió a reorganizarse, se le unieron otros grandes contingentes y reanudó el ataque con gran intrepidez.
La parte más desesperada de la acción tuvo lugar cerca de una fuente, donde un fuerte contingente del enemigo salió precipitadamente de una emboscada; de modo que los españoles se vieron obligados a combatir cuerpo a cuerpo con los indios, quienes habían elegido en particular a la caballería como blanco, y cada caballo era atacado por tres enemigos, mientras varios otros se esforzaban al mismo tiempo por derribarlos al suelo, asiéndose de sus colas.
Aquí los españoles se vieron en el mayor peligro, pues el número del enemigo era abrumador; ¡pero el padre Olmedo animó a los hombres, recordándoles que estaban luchando con la intención de servir al Todopoderoso y promover Su santa religión; que el Señor los ayudaría, y que debían vencer o morir en esta batalla!
No obstante esto, y los máximos esfuerzos de los españoles, la victoria permaneció dudosa durante un tiempo, hasta que por fin el enemigo comenzó a ceder.