Nos despedimos entonces de Cortés, justo cuando estaba a punto de embarcarse hacia México, y marchamos en línea recta hacia Naco, con el mejor de los ánimos, porque ya íbamos de regreso a la Nueva España.
Después de sufrir una gran fatiga y hambre, llegamos con bien a Naco, con gran alegría de Sandoval.
Pedro de Garro ya había partido con toda su gente hacia Nicaragua, para informar a su capitán, Francisco Hernández, de los arreglos que había hecho con Sandoval; ni nosotros perdimos un instante de tiempo, sino que levantamos nuestro campamento rumbo a México la mañana después de nuestra llegada a Naco.
No fatigare al lector refiriéndole lo que nos sucedió en esta larga marcha, sino que le pondré al corriente del desafortunado fin de Francisco Hernández.