los mexicas la victoria.
—Si —respondió Cuauhtémoc, con bastante tristeza—, estos son vuestros deseos, ¡que se cumplan! ¡Aprovechad al máximo el maíz y las demás provisiones que aún nos quedan, y muramos todos con la espada en la mano! ¡Que nadie se atreva, desde este momento, a mencionar la palabra paz en mi presencia! A quien se atreva a hacerlo lo mataré con mis propias manos.
Todos los presentes juraron entonces que se esforzarían sin cesar día y noche, y sacrificarían sus vidas en defensa de la metrópoli.
Asimismo, se ingeniaron para proveer a sus necesidades más apremiantes haciendo arreglos con los habitantes de Xochimilco y otros poblados para que les suministraran agua; y en la propia ciudad de México se cavaron nuevos pozos, de los cuales, contra toda expectativa, obtuvieron agua potable.
Todas las hostilidades habían cesado ya durante dos días a la espera de una respuesta de Cuauhtémoc; cuando de repente nuestros tres campamentos fueron atacados por inmensas masas del enemigo con fiereza leonina, y con tanta confianza como si estuvieran seguros de la victoria.
Durante este ataque, se tocó elcaracol de Cuauhtémoc, y con gran dificultad pudimos evitar que el enemigo desordenara nuestras filas; pues los mexicanos se lanzaban ahora directamente sobre nuestras espadas y lanzas, de modo que nos vimos obligados a combatir cuerpo a cuerpo.
Ciertamente cada vez quedábamos dueños del campo, y a la postre nos acostumbramos más a estos ataques; sin embargo, muchos de nosotros éramos heridos continuamente. De este modo el enemigo enfurecido caía sobre nosotros en diferentes puntos durante seis o siete días consecutivos, y grande fue la matanza que hicimos en sus filas; pero no pudimos darles una derrota completa.