pormenorizada de la suerte que había corrido la expedición de Loaysa, y le explicó en qué dirección debía navegar. Saavedra persuadió entonces al piloto y a un par de marineros de Ortuño para que se le unieran, y zarpó, tras asistir a misa, en el mes de diciembre de 1527, desde Ciguatepec, situado en la provincia de Colima o Zacatula. Esta armada, en efecto, llegó a las Molucas y visitó varias otras islas, pero sufrió terriblemente a causa de fuertes temporales, hambre y enfermedades, y muchos de los hombres murieron. A uno de los marineros que acompañaron esta expedición lo vi tres años después en México, y me contó cosas maravillosas de las ciudades e islas que Saavedra había visitado. Si la memoria no me falla (pues desde entonces han transcurrido muchos años), Saavedra y todos sus hombres fueron hechos prisioneros allí por los portugueses, y trasladados a España, o traídos de vuelta a ella a petición de su majestad.
Después de que esta primera armada hubo partido, Cortés equipó otras dos naves con ochenta mosqueteros y ballesteros. El mando de estos barcos se lo dio a un tal Diego Hurtado de Mendoza, quien zarpó de Acapulco en el mes de mayo de 1532 para el descubrimiento de islas y nuevas tierras. El capitán Hurtado, sin embargo, no hizo nada de todo esto, y ni siquiera osó aventurarse mar adentro, de modo que la mayor parte de su gente terminó por cansarse de navegar sin rumbo, se negó a obedecerle por más tiempo y se desvió con uno de los barcos; aunque estos hombres afirmaron categóricamente después que las dos naves se separaron con el consentimiento del capitán, quien les concedió permiso para regresar con uno de los barcos a España: pero este relato no puede ser creído, y los hombres sin duda se apoderaron de la nave por la fuerza.