- De los planetas y signos en los cielos que pronosticaron nuestra llegada a la Nueva España; cómo estos fueron interpretados por los mexicanos; y de otras materias.
Los mexicanos cuentan que, poco antes de nuestra llegada a la Nueva España, apareció en los cielos una figura de forma circular, semejante a la rueda de un carro, cuyos colores eran una mezcla de verde y rojo.
Poco después hizo su aparición una segunda, de forma similar, que se desplazó hacia la salida del sol y se unió a la primera.
Motecusuma, que por entonces ocupaba el trono de México, reunió a sus sacerdotes y adivinos, y les pidió que observasen y le explicasen estos maravillosos signos, que jamás antes se habían visto.
Los sacerdotes se comunicaron en consecuencia con su dios Huitzilopochtli, el cual respondió que presagiaban guerras terribles y una peste horrible, y que era necesario sacrificar a algunos seres humanos.
Poco después de que estas señales hubieran sido vistas en los cielos llegamos a la Nueva España, y diez meses después vino Narváez, y trajo consigo a un negro que estaba enfermo de viruela. A partir de esta persona la enfermedad se extendió entre los habitantes de Cempoala y de allí, como una verdadera pestilencia, por toda la Nueva España.
Cuando, con posterioridad, libramos los duros combates durante la noche triste, y perdimos a 550 de los nuestros, que murieron en nuestra retirada o fueron hechos prisioneros y sacrificados a los ídolos mexicanos, las interpretaciones que los sacerdotes habían dado a las señales se consideraron perfectamente acertadas.