Tal procedimiento, al tratar con la inteligencia, es necesario y justificable, pero su adopción no debe cegar a los estudiosos, como a menudo lo hace, ante el hecho de que la distinción establecida es arbitraria y de que no existe una línea de demarcación tajante y estricta entre imbéciles y normales del mismo modo que no la hay entre «hombres ricos» y «hombres pobres».
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Capítulo III: Diferencias entre los hombres
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