- Abolición de ciertos impedimentos para el matrimonio, como el reglamento militar que prohíbe a los oficiales casarse antes de alcanzar cierto grado.
- Aumento del impuesto al alcohol, el tabaco y los artículos de lujo, cuyos ingresos se utilizarán para subsidiar a familias necesitadas.
- Reglamentos médicos de carácter higiénico.
- Institución de grandes premios para obras de arte excelentes (novelas, dramas, artes plásticas) que glorifiquen el ideal de la maternidad, la familia y la vida sencilla.
- Despertar una conciencia nacional dispuesta a asumir sacrificios en beneficio de las generaciones futuras.
A pesar de ciertos defectos, un programa semejante pone de relieve claramente el principio de la eugenesia: la sustitución de una tasa de natalidad selectiva por la tasa de mortalidad selectiva mediante la cual la selección natural ha elevado la raza a su nivel actual.
La naturaleza permite que nazca una multitud de individuos y elimina a los menos aptos; la eugenesia propone que nazcan menos individuos deficientes y más individuos valiosos en cada generación.
Cualquier medio que tienda a lograr uno de esos fines, es parte de la eugenesia aplicada.
Llegados a este punto, el lector habrá visto que la eugenesia tiene ciertos ideales definidos, no solo sobre cómo evitar que la raza siga deteriorándose —debido a la interferencia con la selección natural que conlleva la civilización—, sino sobre cómo puede elevarse verdaderamente su nivel físico, mental y moral. Puede sacar fácilmente sus propias conclusiones en cuanto a lo que la eugenesia no propone.