selección natural, puede haber producido este efecto, es ir demasiado lejos». Desafortunadamente para el señor Spencer, basaba sus conclusiones en meras suposiciones. Es solo en los últimos meses cuando ha aparecido la primera prueba fidedigna sobre este punto, en las minuciosas mediciones de Hrdlička, quien ha demostrado que Spencer estaba muy equivocado en su afirmación. De hecho, los rasgos originales persisten con una fidelidad casi increíble. (Apéndice
En 1911, Franz Boas, de la Universidad de Columbia, publicó mediciones de la forma de la cabeza de hijos de inmigrantes2 que pretendían demostrar que las condiciones estadounidenses provocaban, de alguna manera misteriosa, un cambio en la forma de la cabeza.
Esta conclusión en sí misma ya habría sido lo suficientemente llamativa, pero se volvió más desconcertante cuando anunció que el cambio operaba en ambos sentidos:
«El hebreo de Europa oriental, que tiene la cabeza muy redonda, se vuelve más dolicocéfalo; el suritaliano, que en Italia tiene una cabeza sumamente alargada, se vuelve más braquicéfalo»; y además se afirmaba que esta potente influencia era sutil, «ya que no afecta al niño pequeño nacido en el extranjero y criado en el entorno estadounidense, sino que se hace notar entre los niños nacidos en América, incluso poco después de la llegada de los padres a este país».
El trabajo de Boas complació naturalmente a los sociólogos que creen en la realidad del «crisol de razas» (melting-pot) y ha obtenido una amplia aceptación en la literatura popular. Ha obtenido poca aceptación entre sus colegas antropólogos, algunos de los cuales afirman que no es sólido debido a los métodos defectuosos con los que se realizaron las mediciones y a los estándares incorrectos utilizados para la comparación.