Conviene señalar aquí, sin embargo, que en muchos casos la educación de la mujer no ofrece una gran oportunidad para juzgar su verdadera capacidad intelectual. Su dote natural a este respecto debe juzgarse también por la de sus hermanas, hermanos, padres, tíos, tías y abuelos.
Si una niña proviene de una ascendencia intelectual, es probable que ella misma porte tales rasgos en germen, incluso si nunca ha tenido la oportunidad de desarrollarlos. Puede, por tanto, transmitirlos a sus propios hijos.
Francis Galton señaló hace mucho tiempo los buenos resultados de una costumbre existente en Alemania, por la cual los profesores universitarios solían casarse con las hijas o hermanas de profesores universitarios. La tendencia de los hombres de ciencia a casarse con mujeres de logros o formación científica es notable entre los biólogos, al menos en los Estados Unidos; y el número de casos en los que los músicos se casan entre sí es llamativo. Tal apareamiento selectivo significa que la descendencia estará por lo general bien dotada de talento.
Por último, debe enseñarse a los jóvenes a valorar más las cualidades duraderas del compañerismo, para las cuales los factores puramente emocionales que componen la mera atracción sexual están lejos de ofrecer un sustituto satisfactorio.
No estará fuera de lugar señalar aquí que se necesita urgentemente un cambio en la valoración social de la respetabilidad y el honor para el mejor funcionamiento de la selección sexual. El consumo y el ocio ostentosos que Thorstein Veblen señala como el principal criterio de respetabilidad en la actualidad tienen una relación dudosa con las altas dotes mentales o morales, mucho menor que la que tiene la riqueza. Quega mucho por hacer para lograr una distribución meritoria de la riqueza.