país.
Si son como ellas, lo viejo y lo nuevo se fundirán sin dificultad. Los efectos de la inmigración dependen entonces de que los inmigrantes sean mejores o peores en calidad media que los antiguos residentes. Si son tan buenos o mejores, son adiciones valiosas; si son inferiores, son biológicamente un detrimento.
Pero si los recién llegados son diferentes, si representan una subespecie diferente de Homo sapiens, la cuestión es más grave, pues entraña el problema del cruce de razas que son biológicamente más o menos distintas. La genética puede arrojar cierta luz sobre este problema.
Prescindiendo por el momento de toda cuestión sobre la calidad relativa de dos razas distintas, ¿qué resultados cabe esperar del cruzamiento? Este (1) da un aumento de vigor que disminuye en las generaciones posteriores y (2) produce la recombinación de caracteres.
El primer resultado puede desestimarse, pues las diversas razas humanas probablemente ya están muy mezcladas y demasiado emparentadas como para dar lugar a un gran vigor híbrido en los cruzamientos.
El segundo resultado será favorable o desfavorable, según los caracteres que entren en el cruzamiento; y no es posible predecir el resultado en los cruzamientos humanos, debido a que los diversos caracteres raciales son muy poco conocidos. Por lo tanto, no vale la pena analizar aquí extensamente la teoría genética. En general, puede decirse que es probable que algunos caracteres valiosos desaparezcan como resultado de dichos cruzamientos, y que otros menos deseables ocupen su lugar. La gran masa de la población resultante de tales cruzamientos raciales tenderá a ser de naturaleza más o menos mestiza. Finalmente, aparecerán algunos individuos que combinarán