será menos difícil de conciliar con los intereses de la raza. En esta dirección, las feministas podrían encontrar un campo amplio y provechoso para el empleo de sus energías.
Existen sólidos fundamentos en la afirmación feminista de que las mujeres deben recibir una educación liberal, de que los hombres no deben considerarlas criaturas inferiores y de que deben tener la oportunidad de expresarse en una vida más rica y libre que la que han tenido en el pasado.
Todos estos logros pueden alcanzarse sin sacrificar ningún interés racial; y deben alcanzarse de ese modo.
La inquietud de las mujeres inteligentes no se mitigará ni se eliminará educándolas en la creencia de que no son diferentes de los hombres y poniéndolas a trabajar como los hombres en las labores del mundo. Salvo en los casos en que el trabajo esté peculiarmente adaptado a las mujeres o exista una aptitud individual especial, dicho trabajo, por las razones que hemos expuesto, tendrá efectos disgénicos y, por consiguiente, provocará la decadencia de la raza que lo practique.
La verdadera solución debe buscarse más bien en el reconocimiento de la diferenciación natural de los dos sexos y en el énfasis de esta diferenciación mediante la educación. * A los niños se les enseñará la nobleza de ser productivos y de formar familias; * a las niñas se les inculcarán ideales similares, pero se les enseñará a alcanzarlos de un modo diferente, mediante el cultivo de los caracteres intelectuales y emocionales más útiles para aquella división del trabajo a la que están sumamente adaptadas, así como de aquellos que son comunes a ambos sexos. >