sean las razones para seguir reduciendo la mortalidad infantil siempre que sea posible, es peligroso cerrar los ojos ante el hecho de que el beneficio obtenido de ella es de un tipo que debe pagarse de otras maneras; que llevar a cabo el movimiento sin añadirle la eugenesia será una política de miras cortas, que aumenta la felicidad actual del mundo a costa de disminuir la felicidad de la posteridad mediante la perpetuación de estirpes inferiores.
Mientras que algunas medidas euténicas son eugénicamente perversas, aun cuando sean necesarias, no debe deducirse que todas las medidas euténicas sean disgénicas.
Muchas de ellas, como los cambios económicos y sociales que hemos sugerido en capítulos anteriores, son una parte importante de la eugenesia. Toda medida euténica debe ser examinada desde el punto de vista evolutivo; si es eugénica además de euténica, debe ser apoyada sin reservas; si es disgénica pero euténica, debe ser condenada o adoptada, según si la ganancia total de su aplicación supera o no el perjuicio.
En general, la eutenesia, cuando no va acompañada de alguna forma de selección (es decir, la eugenesia), termina por frustrar su propio fin. Si va acompañada de una selección racional, por lo general puede aprobarse. La eugenesia, por otra parte, es asimismo inadecuada a menos que vaya acompañada de una mejora constante en el entorno; y sus defensores deben exigir la eutenesia como acompañamiento de la selección, para que la oportunidad de lograr una selección justa sea lo más libre posible. Si el eutenesista asimismo se esmera en no ignorar la existencia del factor racial, entonces ambas escuelas se encuentran en el mismo