ninguna persona enferma mental o epiléptica cuya condición sea probablemente de carácter hereditario se le debe permitir abandonar una institución a menos que sea absolutamente seguro que él o ella no llegará a ser padre o madre: si la esterilización es el único medio para asegurar esto, entonces debe utilizarse. En muchos casos se ha descubierto que el individuo y sus familiares ven con buenos ojos tal medida.
Los criminales habituales, los alcohólicos crónicos y los demás deficientes a quienes hemos mencionado como padres indeseables, necesitarán en la mayoría de los casos recibir atención institucional durante toda su vida, tanto en su propio interés como en el de la sociedad. Esto ya se está haciendo con muchos de ellos, y la extensión del tratamiento no implica ningún principio nuevo ni dificultad especial.
Debe tenerse en cuenta que, desde el punto de vista eugenésico, el elemento esencial en la segregación no es tanto el aislamiento de la sociedad como la separación de ambos sexos.
Operada adecuadamente, la segregación aumenta la felicidad de los individuos segregados, además de obrar en beneficio del cuerpo político.
En la mayoría de los casos, la única objeción a esta es el gasto, y este, como hemos demostrado, no tiene por qué ser una dificultad insuperable.
Por estas razones, creemos que la segregación es el mejor modo de restringir la reproducción de aquellos cuya descendencia difícilmente dejaría de ser indeseable, y que la esterilización debe considerarse únicamente como un complemento, que ha de emplearse en casos especiales en los que pueda parecer ventajoso conceder a un individuo plena libertad, o libertad parcial, y en los que, sin embargo, no se pueda confiar en que evite la reproducción.