opinión pública para evitar el matrimonio con personas alcohólicas será probablemente el medio de procedimiento más eficaz.
Finalmente, está la clase criminal, sobre la cual los respectivos defensores de la herencia y del entorno han librado tantas veces una guerra partidista. Probablemente no haya ningún campo en el que la eugenesia restrictiva pueda pensar en intervenir, donde encuentre tanto peligro como aquí: el peligro de agraviar tanto al individuo como a la sociedad. Leyes como las que se han aprobado en varios estados, que disponen la esterilización de los criminales en cuanto tales, deben ser deploradas tanto por el eugenista como por el pseudosociólogo que «no cree en la herencia»; pero esto no quiere decir que no haya muchos casos en los que la acción eugenésica sea deseable; pues la herencia de una falta de control emocional hace de un hombre, en cierto sentido, un «criminal nato».4 En la mayoría de los aspectos, él no es la criatura que Lombroso y sus seguidores hicieron creer que era; pero existe, sin embargo, y ningún tratamiento reformador que se le brinde será de tanta utilidad para la sociedad como impedir su reproducción.
Los débiles mentales que constituyen una gran proporción de los delincuentes menores que llenan las cárceles deben, por supuesto, quedar excluidos de esta discusión, salvo para señalar que su condena ayuda a descubrir su defecto. Deben ser tratados como débiles mentales, no como criminales.5 También deben exceptuarse aquellos que puedan haber sido convertidos en delincuentes por la sociedad, por su entorno. En una investigación, el beneficio de la duda debe otorgarse al individuo. Pero cuando se hace toda concesión posible a la influencia del entorno, el estudio psiquiátrico del individuo y la investigación de sus antecedentes familiares siguen demostrando que hay delincuentes que carecen congénitamente de las inhibiciones y los instintos que hacen posible que otros sean miembros útiles de la sociedad.6