Cuando Narihiro los oyó, su rostro se nubló de desagrado. El sabor de su tabaco de Nagasaki ya no era dulce en su boca. Pues de repente sintió que el poder de su millón de koku, del que había tenido conciencia hasta ese momento, se desvanecía por completo como el humo que se eleva del extremo de su pipa de oro puro.
Según cuentan hombres ya ancianos, en la familia Maeda, después de Narihiro, tanto Nariyasu como Noriyasu utilizaron únicamente pipas de latón, y bien pudo ser esto el resultado de una advertencia de lecho de muerte legada a sus descendientes por Narihiro, a quien su pipa de oro puro le había dado una lección.