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nydus/Short FictionPublic
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El tejón

A través de los siglos, una y otra vez, el amor ha enseñado tal ingenio a las

Cuando llegó la mañana, la madre le habló de haber oído la canción a una anciana del vecindario que tejía esteras de paja. Y la anciana era una de las que habían oído la canción. Expresó su duda de que un tejón pudiera cantar, pero le pasó la historia a un hombre que juntaba juncos.

Cuando, tras pasar de boca en boca, la historia llegó a los oídos de un monje mendicante que había venido al pueblo, explicó con razón cómo un tejón podía cantar una canción.

En las enseñanzas budistas hay algo llamado metempsicosis. Así que el alma del tejón pudo haber sido originalmente el alma de un hombre. En cuyo caso, lo que el hombre podía hacer, el tejón podía hacerlo. Algo como cantar una canción en una noche de luna llena no era para sorprenderse demasiado.

Después de eso, en este pueblo cualquier cantidad de gente vino a decir que había escuchado la canción del tejón.

Y entonces, por fin, apareció incluso un hombre que dijo haber visto al tejón. Contó que una noche, mientras regresaba a casa por la playa de recoger huevos de gaviota, había visto claramente, a la luz de unos pocos manchones de nieve que aún quedaban, a un tejón que caminaba pesadamente cantando una canción al pie de una colina junto al mar.

Ya hasta su forma misma había sido vista. Era natural que después de eso prácticamente todos en la aldea, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, hubieran escuchado la canción. A veces provenía de las colinas. A veces provenía del mar. Y a veces, además, provenía de encima de los techos de las chozas de paja esparcidas por ahí entre las colinas y el mar.

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