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nydus/Short FictionPublic
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Parte II

¿Pero se desmayó de verdad Khashoji cuando lo arrojaron de su caballo? Es cierto que no había sentido ningún dolor en el cuello herido, y recordaba perfectamente haber estado tendido, indefenso, en la orilla embarrada de un río solitario, manchado de pies a cabeza de barro y sangre. Mientras yacía allí, contemplaba un cielo azul y despejado, y ante sus ojos unas cuantas ramas de sauces se mecían de un lado a otro.

¡Qué densamente azul le parecía el cielo en comparación con cualquiera que hubiera contemplado hasta entonces!

Parecía como si estuviera atisbando desde abajo hacia el interior de un tarro de añil gigantesco e invertido. En el fondo del tarro, nubes semejantes a espuma que se acumula iban flotando, y tan pronto como llegaban volvían a desaparecer tras las hojas temblorosas de los sauces.

¿Era posible, pues, que Khashoji hubiera estado inconsciente?

Entre sus ojos y el cielo azul, sin embargo, flotaban muchas cosas curiosas como sombras, cosas que no existían en absoluto, sino meras visiones de su cerebro febril.

Primero apareció la vieja falda que su madre solía llevar. Cuando era niño, ¡cuán a menudo se había aferrado a ella en la alegría o en la tristeza!

El pobre Khashoji estiró las manos para agarrarla, pero esta lo esquivó de inmediato. Ondeó como una gasa de seda transparente, permitiendo ver a través de sus pliegues los bancos de nubes a la deriva como mica brillante, y luego desapareció por completo.

Luego, detrás de aquel velo diáfano, aparecieron los mismos vastos campos de sésamo que habían crecido en la parte trasera de su casa⁠: los

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