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nydus/Short FictionPublic
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Sensei Mōri

Pero esta escena lamentable me pareció entonces tan solo la exposición de la inferioridad esencial de este profesor. Ahora intentaba escapar al peligro de perder su trabajo incluso congraciándose con sus alumnos. Así pues, era maestro porque tenía que ganarse la vida y no porque tuviera ningún interés en la educación en sí.

Mientras formulaba vagamente tales críticas, sentí ahora desprecio no solo por su ropa y su erudición, sino también por su carácter, y apoyé la barbilla en las manos sobre mi Choice Reader y le lancé una risa impertinente tras otra, mientras él estaba de pie frente a la estufa encendida, quemándose en la hoguera, por así decirlo, tanto en espíritu como en carne.

Por supuesto, yo no era el único. El campeón de yuyitsu que lo había acorralado, cuando aquel se puso rojo y se disculpó, me dirigió una mirada fugaz y, con una sonrisa astuta, se puso a «estudiar» de inmediato otra vez aquella historia de aventuras de Oshikawa Shunro debajo de su libro de lectura.

Y hasta que sonó la corneta del recreo, nuestro Mōri Sensei, más confundido que nunca, siguió intentando desesperadamente traducir al pobre Longfellow. Muy dentro de mis oídos aún resuena su voz chillona, casi ahogada, mientras, con el sudor perlando su rostro cetrino y redondo y los ojos suplicando constantemente algo desconocido, leía: «La vida es real, la vida es seria». Pero el grito de millones de seres humanos miserables oculto en aquella voz chillona era demasiado profundo para estimular nuestros tímpanos en aquellos días. Así que éramos muchos, además de mí, los que incluso bostezábamos descaradamente en voz alta a medida que nos íbamos sintiendo más y más fatigados durante aquella hora.

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