mejor posible. Si estos jinetes hubieran caído sobre vosotros, nosotros y los hombres de Tegea —pues ellos son fieles a Grecia— os habríamos ayudado; y ahora debéis ayudarnos vosotros; y como sabemos que habéis mostrado más celo que ninguna otra nación en esta presente guerra, os lo pedimos con mayor
Cuando los atenienses oyeron estas palabras, se dispusieron a acudir en ayuda de los espartanos; pero los griegos que luchaban por el Rey cayeron sobre ellos y se lo estorbaron.
Los espartanos, por tanto, al quedarse solos, se prepararon para luchar contra Mardonio y los persas. Pero durante un tiempo los augurios no les fueron favorables, y mientras aguardaban, muchos cayeron y muchos más resultaronheridos, pues los persas habían hecho una empalizada con paveses de mimbre y disparaban sus flechas desde detrás de ella, hostigando gravemente a los espartanos.
Pero aún los presagios eran desfavorables, hasta que Pausanias, levantando los ojos hacia el templo de Hera de Platea, exclamó en voz alta: «Oh diosa, no frustres las esperanzas de los griegos».
Y mientras oraba, los hombres de Tegea corrieron hacia adelante, y los espartanos —pues al fin los presagios les eran favorables— avanzaron también. Los persas dejaron de disparar y salieron a su encuentro.
Primero hubo lucha en el baluarte de los escudos de mimbre; y cuando este fue derribado, una batalla muy encarnizada junto al templo de Deméter, en la cual lucharon cuerpo a cuerpo. Una y otra vez asieron los bárbaros las lanzas de los griegos, intentando romperlas; pues en valor y fuerza los persas no iban a la zaga de los griegos ni un ápice, solo que carecían de armadura defensiva y no estaban acostumbrados al combate, ni eran rivales para sus enemigos en destreza;