Mientras Jerjes se demoraba en Sardis, aquellos que habían sido designados para este asunto construyeron un puente sobre el Helesponto, desde Abidos hasta cierta tierra rocosa que se adentra en el mar del otro lado, siendo la distancia entre ambos puntos de siete estadios.
- Una línea la hicieron los fenicios con cables de lino blanco, y la otra los egipcios, con cables de papiro.
Pero cuando la obra estuvo terminada, se levantó una gran tempestad que la hizo añicos por completo.
Tan pronto como Jerjes oyó lo que había sucedido, se airó en gran manera, y mandó que le diesen al Helesponto tres cientos latigazos, y que arrojasen además al mar un par de grillos.
Se ha dicho que incluso envió hierros de marcar para marcar al Helesponto. Ciertamente, ordenó a los que daban los azotes al agua que pronunciasen a la vez palabras bárbaras e impías:
«Oh agua malvada, tu señor te impone este castigo porque tú le has hecho daño a él, que ningún daño te había hecho a ti. Sabe que el rey Jerjes te cruzará, lo quieras o no. Con razón ningún hombre te ofrece sacrificios, río engañoso y salado como eres».
Este castigo ordenó que le infligiesen al mar, y mandó cortar la cabeza a los encargados de la construcción del puente.