embajadores a Asia, fueron traicionados por Sitalces, rey de Tracia, ante los atenienses, y llevados al Ática, perecieron allí, y con ellos Aristéas de Corinto. Estas cosas sucedieron muchos años después de la expedición del rey Jerjes.
Cuando, pues, los mensajeros fueron enviados a las ciudades de los griegos, el rey se preparó para marchar a Abidos, con el propósito de pasar desde allí a Europa.