sido grandes y dignas de renombre. Esforzaos, por tanto, uno y todos en esta guerra, pues buscamos aquello que a todos nos concierne. Y, en verdad, me han dicho que son hombres buenos aquellos contra quienes hacemos la guerra, y que si los vencemos no hay nadie en la tierra que pueda resistirnos. Y ahora invoquemos a los dioses que gobiernan sobre Persia y crucemos el
Así que todo aquel día hicieron preparativos para el paso; y al día siguiente esperaron la salida del sol, deseando verlo antes de comenzar a cruzar.
Y cuando el sol hubo salido, Jerjes, vertiendo libaciones en el mar desde una copa de oro, hizo su oración con el rostro vuelto hacia el sol, para que ninguna desgracia le sobreviniera antes de conquistar toda Europa, aun hasta los confines más remotos.
Y cuando hubo terminado de rezar, arrojó la copa al Helesponto, y también una crátera de oro, y una espada persa que llaman cimitarra.
Pero si arrojó estas cosas al mar por ofrecérselas al sol, o si se arrepintió de haber azotado el Helesponto y dio estos presentes como ofrenda expiatoria al mar, no se puede saber con certeza.