Jerjes nombró a Mascames gobernador de la fortaleza de Dorico. A este hombre lo estimaba muchísimo, enviándole regalos todos los años; y Artajerjes, después de él, envió regalos a los hijos de Mascames.
Y, en verdad, ninguno de los gobernadores persas fue tenido en mayor honor, a excepción de Boges solamente. Este Boges fue asediado en Eyón, que está sobre el río Estrimón, por Cimón y los atenienses. Y aunque podría haber llegado a un acuerdo con ellos, salir de Eyón y regresar a salvo a Asia, no quiso, para no parecerle al rey falto de valor, sino que resistió hasta el final.
Y cuando ya no quedó alimento en la fortaleza, hizo construir una gran pira de madera, y degolló a sus hijos, a su esposa, a sus concubinas y a sus esclavos, y los arrojó al fuego. Tras esto, arrojó todo el oro y la plata que había en la fortaleza al río; y, por último, se arrojó a sí mismo al fuego.
Con justa causa, por lo tanto, lo honran los persas hasta el día de hoy.
Luego Jerjes siguió su camino desde Dorico hacia el oeste; y a cuantos encontraba los obligaba a tomar las armas a su servicio. El camino por el que marchó lo tuvieron en gran honor los tracios en tiempos posteriores, y ni lo araban ni lo sembraban.
Cuando el Rey llegó a Acanto, ciudad situada junto al monte Athos, y vio lo que se había hecho con el canal, y supo que los habitantes de Acanto se habían mostrado muy entusiastas en la obra, les envió como regalo un vestido persa y los alabó mucho.