mi segunda Consideración General, resulte irrazonable.
Os confesaré entonces con toda franqueza (dice Carneades) que no me convence demasiado la doctrina que se atribuye a Aristóteles acerca de la mixtión, sobre todo desde que enseña que los cuatro elementos pueden separarse de nuevo del cuerpo mixto; mientras que, si no continuasen en él, no sería tanto una separación como una producción. Y creo que los antiguos filósofos que precedieron a Aristóteles, y los químicos que desde entonces han adoptado la misma opinión, hablan de este asunto de manera más comprensible, si no más verosímil, que los peripatéticos; mas aunque hablan con bastante coherencia respecto a su creencia de que hay un cierto número de cuerpos primigenios, por cuyo concurso se generan todos aquellos a los que llamamos mixtos, y que en la destrucción de los cuerpos mixtos apenas se separan y se alejan unos de otros, tal y como eran cuando se juntaron; sin embargo yo, que hallo muy pocas opiniones en las que pueda aquiescer enteramente, debo confesaros que me inclino a discrepar no solo de los aristotélicos, sino también de los viejos filósofos y de los químicos, acerca de la naturaleza de la mixtión: