que forma parte del licor.
Una cosa más hay, Eleutherius, —dice Carneades—, que es tan pertinente a mi actual propósito que, aunque ya la he tocado antes, no puedo menos que señalarla en esta ocasión. Y es esta: que las Cualidades o Accidentes, por razón de los cuales los químicos suelen llamar a una porción de Materia con el nombre de Mercurio o de algún otro de sus Principios, no son tales que no sea posible que otras tan Grandes (¿y por qué no, por tanto, semejantes?) sean producidas por tales cambios de Textura y otras Alteraciones que el Fuego pueda causar en las pequeñas Partes de un Cuerpo.
Ya he demostrado, cuando hablé de la segunda Consideración General, por medio de lo que le sucede a las plantas nutridas únicamente con agua clara y a los huevos empollados que se convierten en polluelos, que, al cambiar la disposición de las partes componentes de un Cuerpo, la Naturaleza es capaz de efectuar Cambios tan grandes en una porción de Materia reputada como simple, como los requeridos para Denominar a uno de los Tria Prima.