perteneciente al segundo de los siguientes Discursos, que me fue imposible recuperar, a pesar de ser el principal de todos ellos. Y habiendo recabado una vez más la opinión de unos amigos —aunque no de los mismos— acerca de esta obra imperfecta, hallé que era tal que accedí, en cumplimiento de sus deseos, no solo a que fuese publicada, sino a que lo fuera tan pronto como buenamente pudiera ser.
Yo había en verdad hablado en todas partes de los Diálogos, refiriéndome a mí mismo como a una tercera Persona; pues, conteniendo ellos Discursos que estuvieron entre los primeros Tratados que me aventuré a escribir hace mucho tiempo sobre asuntos Filosóficos, tuve razón para desear, con el Pintor, latere pone tabulam, y escuchar lo que los hombres dirían de ellos, antes de confesar ser yo su Autor.
Pero además de que ahora encuentro que no le es desconocido a muchos quién es el que los escribió, se me ha hecho creer que no es inoportuno que se sepa que provienen de una Persona no del todo ajena a los asuntos Químicos. Y me hice menos escrúpulo en dejar que salieran a la luz incompletos, en parte, porque mis asuntos y Precompromisos de publicar diversos otros Tratados me dejaban pocas esperanzas de poder en mucho tiempo completar estos Diálogos.
Y en parte, porque no me parece improbable que salgan a la luz con la debida oportunidad, si bien no para la reputación del Autor, sí para otros fines. Pues observo que últimamente la Química empieza, como en verdad merece, a ser cultivada por Hombres Doctos que antes la desdeñaban; y a ser fingida por muchos que nunca la cultivaron, para que no se crea que la ignoran: De donde ha venido a suceder que diversas Nociones Químicas sobre Asuntos Filosóficos se den por sentadas y se empleen, y sean así adoptadas por escritores muy eminentes, tanto Naturalistas como Médicos.