Y aunque Helmont llame en alguna parte, con agudeza, al Fuego el Destructor y la Muerte Artificial de las Cosas; y aunque a otro Eminente Químico y Médico le plazca basarse en esto para afirmar que el Fuego jamás puede generar otra cosa que Fuego; sin embargo, no dudo de que Usted será de otra opinión si considera cuántas nuevas clases de Cuerpos mixtos han producido los propios Químicos por medio del Fuego: y particularmente, si considera cómo ese Cuerpo Noble y Permanente, el Vidrio, no sólo es producido manifiestamente por la violenta acción del Fuego, sino que jamás, que sepamos, ha sido producido de ningún otro modo.
Y en verdad parece una aseveración poco meditada de algunos helmontianos que toda clase de Cuerpo de una Denominación Peculiar deba ser producida por algún poder Seminal; como creo que podría demostrar si lo considerara tan necesario como me es apresurarme hacia lo que tengo que exponer a continuación.
Ni debe conmovernos mucho que haya algunos que consideren lo que el Fuego se emplea en producir, no como Cuerpos Naturales, sino Artificiales. Pues no hay siempre tanta diferencia como muchos se imaginan entre los unos y los otros: ni es tan fácil como piensan asignar claramente aquello que de un modo Propio, Constante y Suficiente los Discrimina. Pero para no enfrascarme en una Disquisición tan sutil, puede bastar ahora con observar que una cosa se denomina comúnmente Artificial cuando una porción de materia es llevada por la mano del Artífice, o por sus Herramientas, o por ambas, a una forma o Figura tal como él la había Diseñado de antemano en su Mente: