auri; idem competit etiam metallis & gemmis; ut quot saphyri præstantiores, lævioris, &c. tot etiam saphyrica sulphura, saphyrica salia, saphyrici Mercurii, &c. Idem verum etiam est de turconibus & gemmis aliis universis. A partir de cuyo pasaje (Eleuterio), supongo que pensaréis que podría concluir sin temeridad, o bien que mi opinión se ve favorecida por la de Paracelso, o bien que la opinión de Paracelso* no era siempre la misma. Pero puesto que en diversos lugares de sus escritos parece hablar de otro modo acerca de los tres Principios y los cuatro Elementos, me contentaré con inferir del pasaje aducido que, si su doctrina no es coherente con aquella parte de la mía a la que se trae para respaldar, es muy difícil saber cuál era su opinión respecto a la sal, el azufre y el mercurio; y que, por consiguiente, teníamos razones, al comienzo de nuestras conversaciones, para declinar el asumir la tarea de examinarla u oponernos a ella.
No sé si deba añadir en esta ocasión que aquellos mismos cuerpos que los Chymistas llaman Phlegma y Tierra se apartan aún de una simplicidad elemental.
Que la Tierra y el Agua comunes lo hacen frecuentemente, a pesar de la opinión contraria recibida, no es negado por los más prudentes de los peripatéticos modernos mismos; y ciertamente, la mayoría de las tierras son cuerpos mucho menos simples de lo que comúnmente se imagina, aun por los Chymistas, quienes no consideran debidamente prescribir y emplear tierras promiscuamente en aquellas destilaciones que requieren la mezcla de algún caput mortuum, para impedir que la materia fluya unida y para retener sus partes más gruesas.
Pues he hallado que algunas tierras producen por destilación un Licor muy distante de ser inodoro o insípido; y es una observación conocida que la mayor parte de las clases de tierra grasa guardadas al abrigo de la lluvia, e impedidas de consumirse en la producción de vegetales, con el tiempo se impregnarán de Salitre.