esta base uno podría haber pronosticado con bastante facilidad que las diferentes sustancias obtenidas de un cuerpo perfectamente mixto por el fuego serían reducibles en su mayor parte a los cinco estados de la materia recién mencionados, no se seguirá inmediatamente que estas cinco sustancias distintas sean cuerpos simples y primigenios, preexistentes de tal modo en el concreto que el fuego se limita a separarlos. Aparte de que no consta que todos los cuerpos mixtos (testigos son el oro, la plata, el mercurio, etc.), ni tal vez todos los vegetales, como puede deducirse de lo que dijimos antes del alcanfor, el benjuí, etc., sean resolubles por el fuego en otros tantos esquemas diversos de materia. Ni los experimentos aducidos anteriormente nos permitirán considerar estas sustancias separadas como elementales o no compuestas. Tampoco será argumento suficiente de que sean cuerpos que merecen los nombres que los químicos tienen a bien darles el hecho de que guarden analogía, en cuanto a consistencia, volatilidad, fijeza u otra cualidad obvia, con los supuestos principios cuyos nombres se les atribuyen. Pues, como os dije arriba, a pesar de esta semejanza en alguna cualidad concreta, puede haber tal disparidad en otras que sea más apta para darles denominaciones diferentes que la semejanza para darles una sola y misma. Y en verdad parece una manera un tanto burda de juzgar la naturaleza de los cuerpos concluir sin vacilación que aquellos han de ser de la misma naturaleza por el mero hecho de coincidir en alguna cualidad general tal como la fluidez, la sequedad, la volatilidad y otras semejantes; puesto que cada una de esas cualidades o estados de la materia puede comprender una gran variedad de cuerpos que por lo demás son de naturaleza muy diferente, como podemos ver en las calces de oro, de vitriolo y de talco veneciano, comparadas con las cenizas comunes, las cuales son también muy secas y quedan fijadas por la vehemencia del fuego al igual que aquellas. Y como podemos inferir asimismo
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La Quinta Parte.
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