experimentos químicos, los hombres abandonasen ese modo indefinido de invocar que «los químicos dicen esto» o «los químicos afirman aquello», y que más bien, por cada experimento que alegan, nombrasen al autor o autores bajo cuyo crédito lo relatan; pues, por este medio, se asegurarían contra la sospecha de falsedad (a la que la otra práctica los expone) y dejarían al lector juzgar lo que le conviene creer de lo que se transmite, al tiempo que no emplean sus propios grandes nombres para abalar relatos dudosos; y también harían justicia a los inventores o publicadores de experimentos verdaderos, así como a los impostores de los falsos. Mientras que, por esa manera general de citar a los químicos, al escritor candente se le defrauda en su elogio particular, y el impostor escapa a la deshonra personal que le es debida.*
- La parte restante de este Prefacio debe emplearse en decir algo por Carnéades y algo por mí mismo.
Y primero, Carnéades espera que se considere que ha disputado con suficiente civilidad y modestia para alguien que iba a desempeñar el papel de Antagonista y Escéptico. Y si en alguna parte parece menospreciar las doctrinas y argumentos de sus Adversarios, desea que se vea como algo a lo que fue inducido, no tanto por su opinión sobre ellos, como por los ejemplos de Temistio y Filópono, y la costumbre de esta clase de disputas.
- A continuación, en caso de que algunos de sus Argumentos no sean considerados de la especie más Convincente que pudiera ser, espera que se considere que no debe Esperarse que lo Sean. Pues, siendo su Papel principalmente el de proponer Dudas y Escrúpulos, hace lo suficiente si demuestra que los Argumentos de sus Adversarios no son concluyentes de manera contundente, aunque los suyos propios tampoco lo sean.
Y si llegare a aparecer alguna discrepancia entre las cosas que expone en diversos pasajes, espera que se considere que no es necesario que todas las