producir nuevas y prolíficas variedades de trigo y cebada. Cada grano de estos cereales, en lugar de dar solo de dos a cuatro espigas, como es el promedio habitual en un campo de maíz, daba de diez a veinticinco espigas, y las mejores espigas, en lugar de portar de sesenta a sesenta y ocho granos, tenían un promedio de casi el doble de esa cantidad de granos.
Para obtener variedades tan prolíficas, el mayor Hallett, como era de esperar, no podía sembrar sus granos seleccionados al voleo; los plantaba por separado, en hileras, a distancias de entre diez y doce pulgadas el uno del otro. De este modo, descubrió que cada grano, al disponer de pleno espacio para lo que se denomina “hijamiento” (tallage en francés85), producía diez, quince, veinticinco, e incluso hasta noventa y cien espigas, según el caso; y como cada espiga contenía de 60 a 120 granos, se podían obtener cosechas de 500 a 2500 granos, o más, de cada grano plantado individualmente. Incluso expuso en la reunión de Exeter de la Asociación Británica tres plantas de trigo, cebada y avena, cada una a partir de un solo grano, que contaban con el siguiente número de tallos: el trigo, noventa y cuatro tallos; la cebada, 110 tallos; la avena, ochenta y siete tallos.86 La planta de cebada que tenía 110 tallos produjo así algo así como de 5000 a 6000 granos a partir de un solo grano. La hija del mayor Hallett hizo un dibujo minucioso de aquel rastrojo maravilloso, el cual fue distribuido junto con sus opúsculos.87 Asimismo, en 1876, se expuso en el Club de Agricultores de Maidstone una planta de trigo con “105 cabezas creciendo sobre una sola raíz, en la que crecían simultáneamente más de 8000 granos”.88
En los experimentos de Hallett intervenían, por tanto, dos procesos diferentes: * un proceso de selección, con el fin de crear nuevas variedades de cereales, de manera similar a la cría de nuevas variedades de ganado;