En cambio, en Francia, donde el sistema decimal de medidas y dinero es asunto de la vida cotidiana, incluso aquellos trabajadores que han recibido la educación elemental más simple están muy familiarizados con los decimales. Para representar veinticinco céntimos, o veinticinco centímetros, escriben «cero veinticinco», mientras que la mayoría de mis lectores seguramente recuerda cómo este mismo cero al «principio de una hilera de cifras» los desconcertaba en su infancia.
Hacemos todo lo posible por volver ininteligible el álgebra, y nuestros hijos pasan un año entero antes de haber aprendido lo que no es álgebra en absoluto, sino un mero sistema de abreviaturas que puede aprenderse de paso, si se enseña junto con la aritmética. 190
La pérdida de tiempo en la física es sencillamente repugnante. Si bien los jóvenes comprenden con suma facilidad los principios de la química y sus fórmulas, en cuanto realizan por sí mismos los primeros experimentos con unos cuantos vasos y tubos, suelen encontrar las mayores dificultades para asimilar la introducción mecánica a la física, en parte porque no conocen la geometría y, sobre todo, porque se les muestran meramente máquinas costosas en lugar de inducirles a fabricar por sí mismos aparatos sencillos para ilustrar los fenómenos que estudian.
En lugar de aprender las leyes de la fuerza con instrumentos sencillos que un muchacho de quince años puede construir fácilmente, las aprenden a partir de meros dibujos, de forma puramente abstracta. En vez de fabricarse una máquina de Atwood con el palo de una escoba y la rueda de un viejo reloj, o de verificar las leyes de la caída de los cuerpos con una llave que se desliza por una cuerda inclinada, se les muestra un aparato complicado y, en la mayoría de los casos, el propio profesor no sabe cómo explicarles el principio del aparato, y se pierde en detalles irrelevantes. Y así prosigue todo, desde el principio hasta el fin, con muy pocas y honorables excepciones. 191