Veinte años ciertamente no son mucho en la vida de las naciones. Y, sin embargo, en los últimos veinte años ha surgido otro poderoso competidor en el Oriente. Me refiero al Japón.
En octubre de 1888, el Textile Recorder mencionaba en unas pocas líneas que la producción anual de hilados en las hilanderías de algodón del Japón había alcanzado las 9.498.500 libras, y que se estaban construyendo quince fábricas más, que albergarían 156.100 husos.22
Dos años más tarde, se hilaron 27.000.000 de libras de hilo en el Japón; y mientras que en 1887-1888 el Japón importaba del extranjero cinco o seis veces más hilo del que se hilaba en el país, al año siguiente solo dos terceras partes del consumo total del país se importaron del extranjero.23
Desde esa fecha la producción aumentó regularmente. De 6.435.000 lb. en 1886, alcanzó los 91.950.000 lb. en 1893, y los 153.444.000 lb. en 1895. En nueve años se había multiplicado así por veinticuatro. Desde entonces ascendió a 413.800.000 lb. en 1909; y por el Financial Economical Annual para los años 1910 y 1911, publicado en Tokio, sabemos que había en Japón, en 1909, nada menos que 3.756 fábricas textiles, con 1.785.700 husos y 51.185 telares mecánicos, a los que hay que añadir 783.155 telares manuales.
Japón es así ya un serio competidor de las grandes naciones industriales en cuanto a los tejidos en general, y especialmente a los de algodón, en los mercados del Asia oriental; y solo le costó veinticinco años alcanzar esta posición. La producción total de tejidos, valorada en 1.200.000 libras esterlinas en el año 1887, ascendió rápidamente a 14.270.000 libras en 1895 y a 22.500.000 libras en 1909, correspondiendo a los algodones cerca de dos quintas partes de esta cantidad.
En consecuencia, las importaciones de productos de algodón extranjeros procedentes de Europa cayeron de 1.640.000 libras en 1884 a 849.600 libras en 1895, y a 411.600 libras en 1910, mientras que las exportaciones de productos de seda ascendieron a casi 3.000.000 de libras.24