un paso al frente por encima de lo que se conoce; da un salto hacia lo desconocido y, por lo tanto, abre una serie de hechos completamente nueva para la investigación. Este carácter de la invención, que consiste en dar un paso al frente por encima del conocimiento anterior, en lugar de limitarse a aplicar una ley, la hace idéntica, en cuanto a los procesos mentales, al descubrimiento; y, por consiguiente, las personas que son lentas para la invención lo son también para el descubrimiento.
En la mayoría de los casos, el inventor, por muy inspirado que esté por el estado general de la ciencia en un momento dado, parte de unos cuantos hechos bien establecidos de los que dispone. Los hechos científicos tenidos en cuenta para inventar la máquina de vapor, o el telégrafo, o el fonógrafo eran llamativamente elementales.
De modo que podemos afirmar que lo que actualmente sabemos ya es suficiente para resolver cualquiera de los grandes problemas que están a la orden del día: los motores principales sin el uso de vapor, el almacenamiento de energía, la transmisión de fuerza o la máquina voladora.
Si estos problemas aún no están resueltos, se debe meramente a la falta de genio inventivo, a la escasez de hombres educados dotados de él y al divorcio actual entre la ciencia y la industria.196
Por un lado, tenemos a hombres que están dotados de capacidad para la invención, pero que no poseen ni los conocimientos científicos necesarios ni los medios para experimentar durante largos años; y, por otro lado, tenemos a hombres dotados de conocimientos y facilidades para experimentar, pero desprovistos de genio inventivo, debido a su educación —demasiado abstracta, demasiado escolástica, demasiado libresca— y al entorno en el que viven, por no hablar del sistema de patentes, que divide y dispersa los esfuerzos de los inventores en lugar de combinarlos.197