Por supuesto, debe reconocerse que, por regla general, en el norte de Francia, donde los algodones se fabrican a gran escala en ciudades fabriles, el tejido a mano en las aldeas casi ha desaparecido. Pero, como ya se desprende de lo anterior, han surgido nuevas pequeñas industrias en su lugar, y este es también el caso en muchas otras partes de Francia.
Tomando la región situada entre Ruan en el nordeste, Orleans en el sudeste, Rennes en el noroeste y Nantes en el sudoeste —es decir, las antiguas provincias de Normandía, Perche y Maine, y en parte Turena y Anjou, tal como las vio Ardouin Dumazet en 1895—, encontramos allí una gran variedad de industrias domésticas y menores, tanto en los pueblos como en las ciudades.
En Laval (al sureste de Rennes), donde antiguamente se tejían driles (coutils) de lino en telares manuales, y en Alenzón, que fue un gran centro de tejido de lino casero, así como de encaje hecho a mano, Ardouin Dumazet encontró la industria del lino, tanto doméstica como fabril, en un estado agonizante.
El algodón lleva la delantera. Los driles se hacen ahora de algodón en las fábricas, y la demanda de artículos de lino es muy pequeña. En consecuencia, tanto el tejido doméstico como el industrial de artículos de lino se encuentran en mal estado.
Los aldeanos abandonaron esa rama del tejido, y las grandes fábricas que se habían erigido en Alenzón con la intención de crear una industria de telas de lino y cáñamo tuvieron que cerrar. Solo queda una fábrica, que da empleo a 250 operarios; mientras que cerca de 23.000 tejedores, que encontraban ocupación en Mans, Fresnay y Alenzón en telas de cáñamo y lino fino, tuvieron que abandonar dicha industria.
Quienes trabajaban en las fábricas han emigrado a otras ciudades, mientras que aquellos que no se habían desvinculado de la agricultura volvieron a ella. En esta lucha entre el algodón versus el lino y el cáñamo, el primero resultó victorioso.