En tiempos antiguos los hombres de ciencia, y en especial aquellos que más han hecho por impulsar el crecimiento de la filosofía natural, no despreciaban el trabajo manual ni los oficios artesanales.
- Galileo fabricó sus telescopios con sus propias manos.
- Newton aprendió en su infancia el arte de manejar las herramientas; ejercitó su joven mente ideando ingeniosísimas máquinas y, cuando comenzó sus investigaciones en óptica, él mismo pudo pulir las lentes para sus instrumentos y fabricar por sí mismo el conocido telescopio que, para su época, era una obra de excelente factura.
- Leibniz era aficionado a inventar máquinas: los molinos de viento y los carruajes propulsados sin caballos ocupaban su mente tanto como las especulaciones matemáticas y filosóficas.
- Linneo se convirtió en botánico mientras ayudaba a su padre —un jardinero práctico— en su labor diaria.
En resumen, para nuestros grandes genios el trabajo artesanal no fue un obstáculo para las investigaciones abstractas; más bien las favoreció.
Por otra parte, si los trabajadores de antaño hallaban pocas oportunidades para dominar la ciencia, muchos de ellos tenían, al menos, su inteligencia estimulada por la gran variedad de trabajo que se realizaba en los talleres, entonces no especializados; y algunos de ellos contaban con el beneficio de un trato familiar con hombres de ciencia. Watt y Rennie eran amigos del profesor Robinson; Brindley, el constructor de carreteras, a pesar de su jornal de catorce peniques al día,