No comprenden nuestra charla sobre suelos buenos y malos, porque ellos mismos hacen el suelo, y lo hacen en tales cantidades que se ven obligados a vender una parte cada año: de lo contrario, elevaría el nivel de sus jardines en media pulgada cada año.
Ellos aspiran a cosechar, no cinco o seis toneladas de hierba por acre, como hacemos nosotros, sino de 50 a 100 toneladas de hortalizas variadas en el mismo espacio; no cinco libras esterlinas en valor de heno, sino cien libras en hortalizas, de la descripción más sencilla, coles y zanahorias, y más de doscientas libras bajo un tratamiento hortícola intensivo.
Hacia esto es hacia donde se dirige la agricultura ahora.
Sabemos que la más estimada de todas las variedades de nuestro alimento básico es la carne; y aquellos que no son vegetarianos, ya sea por convicción o por necesidad, consumen en promedio 225 libras de carne —es decir, grosso modo, un poco menos de la tercera parte de un buey— todos los años. Y hemos visto que, incluso en este país y en Bélgica, se necesitan de dos a tres acres para mantener una cabeza de ganado hornudo; de modo que una comunidad de, digamos, 1.000.000 de habitantes tendría que reservar alrededor de 1.000.000 de acres de tierra para abastecerse de carne. Pero si acudimos a la granja del señor Goppart —uno de los promotores del ensilaje en Francia—, lo veremos cosechar, en un terreno drenado y bien abonado, nada menos que un promedio de 120.000 libras de hierba para forraje por acre, lo que da 30.000 libras de heno seco; es decir, el alimento de una res por acre. El rendimiento queda así triplicado.
En cuanto a la remolacha, que también se utiliza para la alimentación del ganado, el Sr. Champion, en Whitby, logró, con la ayuda de aguas residuales, cultivar 100.000 libras de remolacha por cada acre, y ocasionalmente 160.000 y 200.000 libras. Crió así en cada acre el alimento de, al menos, dos o tres cabezas de ganado. Y tales cosechas no