semuartística en distintas partes del país; y el suministro de fuerza motriz barata en los hogares mediante la transmisión hidráulica o eléctrica de la energía tomada de las cascadas. Podría escribirse un libro aparte, del mayor interés y valor, sobre este tema, especialmente acerca del impulso dado a una serie de pequeños oficios, antiguos y nuevos, mediante el suministro barato de fuerza motriz. Dicho libro ofrecería también un gran interés por cuanto mostraría hasta qué punto esa combinación de la agricultura con la industria, que describí en la primera edición de este libro como «la fábrica en medio de los campos», ha avanzado últimamente en Suiza. Hoy en día llama la atención incluso del viajero ocasional.176
Bélgica ofrecería un interés igual.
Bélgica es ciertamente un país de industria centralizada, y un país en el que la productividad del trabajador se encuentra en un nivel elevado, alcanzando ahora la elevada cifra de una productividad anual media por cada obrero industrial —hombres, mujeres y niños— de al menos 250 libras esterlinas por cabeza.
- Las minas de carbón en las que se emplean más de mil trabajadores son numerosas, y
- hay un buen número de fábricas textiles en cada una de las cuales ocupan de 300 a 700 trabajadores.
Y sin embargo, si excluimos de la población obrera industrial de Bélgica, que ascendía a 823.920 personas en 1896 (1.102.240 con los empleados, viajeros, supervisores y demás), a los 116.300 trabajadores empleados en las minas de carbón y a los cerca de 165.000 artesanos que trabajan solos o con la ayuda de sus familias, hallamos que de los 565.200 trabajadores restantes, casi exactamente la mitad —es decir, 270.200 personas— trabaja en establecimientos donde se emplea a menos de cincuenta personas, mientras que 95.000 personas de estas últimas están empleadas