Y se nos dice, además, que, incluso si fuera posible cultivar en Europa Occidental todos los alimentos necesarios para sus habitantes, no habría ninguna ventaja en hacerlo mientras esos mismos alimentos puedan conseguirse más baratos en el extranjero. Tales son las enseñanzas actuales y las ideas que circulan en la sociedad en general. Y, sin embargo, es fácil demostrar que ambas son totalmente erróneas: en los territorios de Europa Occidental se podrían producir abundantes alimentos para una población muy superior a la actual, y se obtendría un beneficio inmenso al hacerlo. Estos son los dos puntos que debo abordar ahora.
Para empezar tomando el caso más desfavorable: ¿es posible que el suelo de la Gran Bretaña, que actualmente produce alimento solo para un tercio de sus habitantes, pudiera proveer toda la cantidad y variedad necesarias de alimentos para 41.000.000 de seres humanos cuando abarca tan solo 56.000.000 de acres en total —entre bosques y rocas, marismas y turberas, ciudades, ferrocarriles y campos— de los cuales solo 33.000.000 de acres se consideran cultivables?35
La opinión generalizada es que de ningún modo puede hacerlo; y esa opinión está tan arraigada que incluso vemos a hombres de ciencia, por lo general prudentes al tratar con opiniones corrientes, secundarla sin siquiera tomarse la molestia de verificarla. Se acepta como un axioma.
Y sin embargo, tan pronto como intentamos hallar algún argumento en su favor, descubrimos que no tiene el menor fundamento, ni en los hechos ni en un juicio basado en hechos bien conocidos.
Tomemos, por ejemplo, las estimaciones de cosechas de J. B. Lawes que se publicaban todos los años en The Times. En su estimación del año 1887 hizo la observación de que durante los ocho años de cosecha de 1853 a 1860 «casi tres cuartas partes de la cantidad total de trigo consumida