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nydus/The Island of Doctor MoreauPublic
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XV. De la Gente Bestia

A pesar de su inteligencia acrecentada y de la tendencia a reavivarse de sus instintos animales, tenían ciertas ideas fijas implantadas por Moreau en sus mentes, que limitaban absolutamente sus imaginaciones. Estaban realmente hipnotizados; se les había dicho que ciertas cosas eran imposibles y que ciertas cosas no debían hacerse, y estas prohibiciones se hallaban teñidas en la textura de sus mentes más allá de cualquier posibilidad de desobediencia o discusión.

Ciertas cuestiones, sin embargo, en las que el viejo instinto entraba en conflicto con la conveniencia de Moreau, se hallaban en un estado menos estable. Una serie de proposiciones llamada la ley (yo ya las había oído recitar) batallaba en sus mentes con los anhelos arraigados y siempre rebeldes de sus naturalezas animales. Comprobé que esta ley la repetían sin cesar y la quebrantaban sin cesar.

Tanto Montgomery como Moreau mostraban un esmero particular en mantenerlos ignorantes del sabor de la sangre; temían las inevitables sugestiones de ese gusto.

Montgomery me dijo que la ley, especialmente entre la gente bestia felina, se debilitaba extrañamente al caer la noche; que entonces el animal estaba en su punto más fuerte; que en la penumbra surgía en ellos un espíritu de aventura, momento en el que se atrevían a cosas con las que jamás parecían soñar de día. A eso le debía el haber sido acechado por el hombre leopardo la noche de mi llegada.

Pero durante estos primeros días de mi estancia quebrantaban la ley solo furtivamente y después del anochecer; a la luz del día reinaba una atmósfera general de respeto por sus múltiples prohibiciones.

Y aquí quizás pueda dar algunos datos generales sobre la isla y la gente bestia. La isla, de perfil irregular y baja sobre el mar extenso, tenía una superficie total, supongo, de siete u ocho millas cuadradas. Era de origen volcánico

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