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nydus/The Island of Doctor MoreauPublic
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I. En el bote de la *Lady Vain*

No podíamos ponernos de pie para mirar a nuestro alrededor, debido al bamboleo del bote. Los otros dos hombres que hasta entonces se habían salvado conmigo eran un hombre llamado Helmar, un pasajero como yo, y un marinero cuyo nombre desconozco: un hombre bajito y fornido, que tartamudeaba.

Nos fuimos a la deriva hambrientos y, después de que se nos acabara el agua, atormentados por una sed intolerable, durante ocho días seguidos.

Pasado el segundo día, el mar amainó lentamente hasta quedar en una calma de vidrio. Le resulta del todo imposible al lector común imaginar aquellos ocho días. No tiene, por fortuna para él, nada en la memoria con qué imaginarlo.

Después del primer día hablábamos poco los unos con los otros, y nos tumbábamos en nuestros sitios en la barca y mirábamos el horizonte, o contemplábamos, con ojos que se volvían más grandes y demacrados cada día, cómo la miseria y la debilidad se apoderaban de nuestros compañeros.

El sol se volvió implacable. El agua se acabó el cuarto día, y ya estábamos pensando cosas extrañas y diciéndolas con los ojos; pero fue, creo, hacia el sexto cuando Helmar verbalizó aquello que todos habíamos estado pensando.

Recuerdo que nuestras voces eran secas y delgadas, de modo que nos inclinábamos el uno hacia el otro y escatimábamos las palabras. Me opuse con todas mis fuerzas, era más partidario de echar a pique la barca y perecer juntos entre los tiburones que nos seguían; pero cuando Helmar dijo que si se aceptaba su propuesta tendríamos bebida, el marinero se pasó a su bando.

No quise echar suertes, sin embargo, y durante la noche el marinero le susurró a Helmar una y otra vez, y yo me senté en la proa con mi navaja

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