el artefacto se había deshecho en pedazos. Tal vez sea bueno que me salvara de botarla; pero en aquel momento mi desdicha por el fracaso fue tan aguda que durante unos días me quedé deprimido en la playa, contemplando el agua y pensando en la muerte.
No era mi intención, sin embargo, morir, y ocurrió un incidente que me advirtió inequívocamente de la insensatez de dejar pasar los días de ese modo, pues cada nuevo día conllevaba un peligro creciente por parte de la gente bestia.
Estaba tumbado a la sombra del muro del cercado, mirando al mar, cuando me sobresaltó algo frío que me rozó la piel del talón, y al darme la vuelta de golpe encontré a la pequeña criatura parecida a un perezoso de color rosado parpadeando ante mi cara.
hacía mucho tiempo que había perdido el habla y el movimiento activo, y el lacio pelo del animalito crecía más espeso cada día y sus rechonchas garras estaban más torcidas.
Emitió un gemido al ver que había atraído mi atención, avanzó un poco hacia los arbustos y me miró hacia atrás.