nuevo a mi servicio. Al principio, mi inutilidad me pareció espantosa. Nunca en mi vida había hecho carpintería ni trabajo alguno por el estilo, y pasé día tras día haciendo cortes y ataduras experimentales entre los árboles. No tenía cuerdas, y no se me ocurría con qué hacerlas; ninguna de las abundantes trepadoras parecía lo suficientemente flexible o resistente, y con todo mi cúmulo de educación científica no pude idear ningún modo de hacer que lo fuesen. Pasé más de quince días rebuscando entre las negras ruinas del cercado y en la playa donde se habían quemado los botes, en busca de clavos y otros trozos sueltos de metal que pudieran resultar útiles. De vez en cuando alguna bestia-criatura me observaba, y salía saltando cuando la llamaba. Hubo una época de tormentas eléctricas y fuertes lluvias, lo cual retrasó mucho mi trabajo; pero por fin la balsa estuvo terminada.
Quedé encantado con ella. Pero con una cierta falta de sentido práctico que siempre ha sido mi cruz, la había construido a más de una milla del mar; y antes de haberla arrastrado hasta la playa,