algunas anécdotas.
—Lo dejé todo —dijo—, hace diez años. ¡Qué divertido era todo antes! Pero hice una completa estupidez con mi vida: me gasté las energías antes de cumplir los veintiún años. Supongo que ahora todo será distinto. Pero tengo que buscar a ese imbécil de cocinero y ver qué le ha hecho a su cordero.
El gruñido sobre nuestras cabezas se repitió, tan de repente y con tanta saña que me sobresaltó.
—¿Qué es eso? —le pregunté a gritos, pero la puerta ya se había cerrado. Volvió de nuevo con el cordero hervido, y el apetitoso olor me entusiasmó tanto que me olvidé del ruido de la bestia que me había inquietado.
Después de un día de alternar el sueño y la alimentación, me hube recuperado lo suficiente como para levantarme de la litera hasta la escotilla y ver los mares verdes tratando de mantener nuestro ritmo. Juzgué que la goleta iba en popa. Montgomery